El regalo de fotografiar una boda con la luz de la provenza

La boda de Anne Maël y Álvaro la considero un gran regalo para mí. Cualquier fotógrafo que vaya a la Provenza Francesa, se enamora de su luz, como lo hicieron los pintores impresionistas en su momento. Es una luz especial, y más al atardecer. La pareja se quiso casar en una casa de campo en la Provenza y realizar una boda sencilla con la familia y amigos más próximos. De hecho no fue ni siquiera una boda, sino una celebración de amor. Una escusa para reunir a todas las personas más queridas y proclamar a los cuatro vientos su amor.

Toda la boda fue cuidada hasta el más mínimo detalle. Durante casi un año estuvieron recogiendo potes de mermelada que usarían a posteriori para colocar las velas. El vestido de la novia, ni siquiera era un vestido de novia; bueno, no venía etiquetado así en la tienda, pero a mi me parece uno de los vestidos de novia más bonitos que he visto. Y así un sin fin de cosas.

Es curioso, como el hecho de compartir el momento en que los novios se visten, hace que te impliques con ellos de manera muy especial. Ese momento te hace complice con ellos y hace que vivas la boda, realmente como un invitado más, como otra persona más importante en sus vidas. Y es que en el fondo es así. En el momento en que te contratan para fotografiar un momento tan importante como una boda, sabes que pasas a ser el responsable de que su recuerde quede grabado para siempre en imágenes. Sabes que es provable que hasta nietos puedan llegar a estar “virtualmente” en su boda, en un futuro, gracias a tus fotos. Y eso no es poco.

En un reportaje de boda, cada vez, acabas pasando casi los mismos nervios que los novios. Quieres que todo salga bien. Que tus fotos reflejen exactamente lo que se vivió ese día. En este caso, puedo decir que estoy realmente satisfecha con el resultado. Casi un año después, puedo mirar las fotos y trasladarme exactamente a ese día.