La gran nevada de Tona y las ventajas de ser fotógrafo autónomo.

Uno de los mayores lujos de ser free-lance es poder ser dueño de uno mismo, de su trabajo y de su tiempo. Y hoy ha sido uno de esos días en los que me he alegrado de serlo.

La gran nevada de ayer, merecía ser fotografiada. No es muy habitual que caigan nevadas de esta índole en zonas como Tona, la Garriga, Vic… Así que sin pensarlo mucho, animada por una amiga que acababa de colgar fotos de su casa repleta de nieve, he cogido mi cámara y mi fantástico coche, he cargado las cadenas (por lo que pudiera pasar) y me he dispuesto a subir hacia Tona. Cómo no, mi hermana Yvette no se lo ha querido perder, y se ha sumado a la aventura.

Todo el camino estaba ya nevado. Así que no ha hecho falta investigar demasiado. Sólo llegar a Tona me he ido al lugar donde suelo realizar las sesiones de comunión o minisesiones de primavera y me he dispuesto a disparar sin parar. Era realmente otro lugar, completamente distinto.

En el silencio del día sólo se escuchaba la nieve caer de los árboles, algunos pajaritos desorientados, y los clicks de mi cámara, guardando estos momentos tan excepcionales. Y es que, a veces, la felicidad aparece por sorpresa. Un gran regalo de la naturaleza y de la vida.

Todas las fotografías están realizadas con mi cámara fullframe Nikon 610 y mi objetivo Sigma 24-105 / 4.

 

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